En 1944 nació en Francia Gilles Bouhours, un niño enfermo cuya fe conmovió a todos los que lo conocieron.
A los seis años, antes de morir, pronunció sus últimas palabras: “Veo a Jesús.” Su historia se convirtió en un ejemplo de santidad infantil y sigue recordándonos que incluso una vida breve puede iluminar el mundo.
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