El 6 de agosto de 1945, Hiroshima fue arrasada por la primera bomba atómica de la historia.
Nada quedó en pie… salvo un pequeño convento jesuita, situado a solo 8 cuadras del epicentro. Los sacerdotes que vivían allí sobrevivieron sin heridas graves, en medio de una ciudad completamente destruida. ¿Casualidad, providencia, o milagro? Este es el relato del convento de Hiroshima, el lugar donde la fe resistió al fuego.
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